Se dice que el azar suele favorecer casi siempre a las
personas que desean algo con todas sus fuerzas…
Tres años llevo deseando con vehemencia su visita. A
veces, en la soledad de mi habitación la llamo a gritos, pero nunca acude a mi
lado.
Tres años en los que sólo vivo vidas que no son la mía.
De todas mis pasiones, la lectura es la única que
conservo. En los libros me siento segura, a salvo de todo, excepto de mi misma.
Unas veces soy una asesina, otras, una perspicaz policía, una dama intrépida o
una tecnohumana con un periodo de vida diseñado de antemano (¡Quien pudiera…!)
Cada libro es una poción mágica que me devuelve mi cuerpo
-en el de ahora no me reconozco- y mi mente -hoy tan poco lúcida- Que me lleva
a una edad que no está marcada por la depresión y el aislamiento.
Tres años con miedo a que mi cuerpo me niegue el único
placer que aún tengo y que este libro electrónico que me regalaron mis hijos,
con un velo de culpabilidad en sus miradas, ya no pueda agrandar más sus letras
para satisfacer mí vista tan cansada…
No hay impermeable para las heridas del alma y aquí
estoy, sola, rodeada de gente, siempre con mí libro en la mano, la loca
lectora, me llaman.
Aún recuerdo la mirada de mis hijos con una mezcla de
alivio y compasión, cuando tras mi caída, les pedí que me buscaran una
residencia para cuando saliese del hospital.
Tres años llevo aquí, tres años llamándola, tres años sin
querer comprender que una muere cuando le llega la hora y no cuando quiere
dejar de vivir.
Agosto,
2014
Imagen Google
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